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UANL. Minerva Margarita: la flor en el concreto

Por Redacción

Florece entre las estructuras de acero y concreto de la urbe
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La poesía de Minerva Margarita Villarreal floreció entre las estructuras de acero y concreto de la urbe.

Un prolífico legado literario y de gestión cultural que honrará la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), a partir de este 10 de marzo.

El nombre de Minerva Margarita Villarreal quedará inscrito en una sala de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria, en punto de las 18:00 horas, como reconocimiento perenne a la poeta y catedrática universitaria.

Tras su gestión al frente del espacio alfonsino, el recinto adquirió la sensación de ser la casa de un huésped extraordinario: la poesía.

El 20 de noviembre de 2019, Villarreal partió del mundo terrenal y dejó una obra de gran importancia debido a la versatilidad de su figura. Fue la maestra, la poeta, la directora, la jefa, la madre, la artista, la compañera, la mujer.

Su obra, tanto literaria como de gestión cultural, cala hondo en las letras nacionales, así lo advierten algunas de las mujeres que estuvieron cercanas a su trabajo.

Villarreal estudió Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), además de haber tomado talleres de teatro con Sergio García. Realizó la maestría en Letras Españolas con apoyo de la Universidad de Texas en El Paso.

Desde muy joven ingresó al mundo de la docencia en la UANL, donde tuvo entre sus alumnos a Ludivina Cantú Ortiz, actual directora de la Facultad de Filosofía y Letras, quien la recuerda como una mujer que inspiraba en el aula.

“Una de las cosas que me vinculan a mí con Minerva es su obra. Ella fue mi profesora cuando yo era estudiante de Letras. Ella dio el primer seminario sobre escritura de mujeres que yo tomé como estudiante. Ella fue de los primeros profesores que trabajaron estudios de género en la facultad”, comentó Cantú Ortiz.

Su relación con Villarreal tomó un nuevo cauce en el encuentro de importantes proyectos universitarios de ambas; Villarreal como la guardiana del acervo de Alfonso Reyes; Cantú Ortiz como directora de la FFYL, el pensamiento humanístico de la UANL.

Se creó una sinergia entre ellas, que dejó grandes dividendos para el arte y la cultura de la ciudad.

La recuerda casi perfecta, porque la poeta y directora destacaba por ser disciplinada y exigir la misma actitud para sus estudiantes, talleristas y personal bajo su responsabilidad.

Para Cantú Ortiz hay un antes y un después de la gestión de Villarreal al frente de la Capilla Alfonsina.

“Transformó la Capilla Alfonsina como un centro cultural. No solo la mantuvo como una biblioteca más de la Universidad y cuidó el acervo de Alfonso Reyes. En mi caso como directora de la Facultad de Filosofía y Letras me tocó hacer mucho trabajo en conjunto.

“Ella era miembro corresponsal del Seminario de Cultura Mexicana y siempre vinculaba a la FFYL en las actividades del seminario”, menciona.

Profesora del Colegio de Letras de la UANL, la catedrática amaba su facultad así como a la Universidad.

“Era una mujer que tenía visión para hacer las cosas, pensaba en grande. Tenía una capacidad de vinculación con los personajes adecuados para invitarlos a la Universidad.

“Minerva no es solo Minerva la mujer; es un nombre que pesa en el ambiente cultural de México. Su trayectoria la avalaba para su trabajo de gestoría”, apunta.

A través de la Cátedra “Minerva Margarita Villarreal”, la UANL preservará la memoria de la poeta.

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Acercar lo cercano y concretar lo imposible

En los años ochenta, los Villarreal, Minerva y José Javier, conocieron a la poeta y traductora Blanca Luz Pulido en la Universidad de Texas en El Paso, en la maestría de Escritura Creativa.

Desde ese tiempo a esta parte, mantuvieron una relación laboral y de amistad que se vio reflejada en la colaboración de Pulido en la colección El Oro de los Tigres.

“Desde entonces empezamos a compartir ideas y futuros proyectos poéticos. Años después volvimos a encontrarnos en diversos festivales de poesía, y Minerva me invitó a colaborar como traductora del portugués al español, dado que yo ya había empezado a traducir y publicar a varios poetas portugueses en otras editoriales.

“Ella me propuso, concretamente, que tradujera a dos grandes poetas nacidos en Lisboa: Nuno Júdice, primero; y luego, Ana Luísa Amaral. Ambas traducciones, en versión bilingüe, ya forman parte de El Oro de los Tigres, lo que me llena de felicidad”, confiesa.

Villarreal es parte fundamental para comprender que, en una ciudad como Monterrey, la poesía florece entre el concreto.

“Precisamente en un sitio como Monterrey, capital de uno de los estados más industrializados del país, este tipo de empeños es crucial, para mostrar al mundo y a México que los progresos materiales no están divorciados del apoyo institucional a las artes y, en este caso, al arte de la poesía y al de la traducción”, advierte.

Rebelde con causa

Como estudiante de Letras Españolas, Carolina Olguín (1978) recuerda la incertidumbre que sintió junto a sus compañeros al saber que Minerva Margarita Villarreal se reincorporaba a la docencia en la Facultad de Filosofía y Letras.

La catedrática era siempre apasionada con una capacidad de gozo muy grande y de compromiso estético.

“Durante la primera clase que nos dio, no recuerdo el nombre de la materia, no dejó a nadie indiferente. Levantó pasiones, temores; salimos distintos de la clase. Algunos dijeron que darían de baja la materia, se cambiarían de turno.

“Los demás nos quedamos con la expectativa de que sería algo harto interesante tomar clases con ella. Así hice, me inscribí a todas las clases que dio”, recuerda.

De esta relación alumna-profesora, Olguín enfatiza la importancia de la lectura de sus primeros textos ante los ojos de Villarreal.

“A su taller llevé mis primeros textos. Nunca había yo analizado la poesía –ni creo que mis compañeros– de un modo tan puntual como ella lo hacía.

“Minerva nos exigía una actitud de entrega, compromiso, tomárselo en serio y no creernos poetas nada más porque teníamos sentimientos, emociones qué expresar. Nos metía una buenas tundas”, rememora.

Olguín comenta que la maestra llegaba a clase con un look hippie, lentes cafés y una actitud relajada de donde emanaba una charla siempre dirigida hacia la poesía.

Como profesionista, Olguín formó parte del equipo editorial de Villarreal en la Dirección de Publicaciones y en la Capilla Alfonsina. Recuerda la rebeldía creativa de su mentora.

“Yo creo que de esa rebeldía muchos aprendimos. Ella siempre fue de armas tomar. Ella no se quedaba con nada; al final todo terminaba diciéndotelo de manera crítica”, expresó la poeta Carolina Olguín

Para la joven poeta, la presencia de Villarreal fue determinante en el desarrollo de su propio trabajo poético.

“Me causaba bastante respeto y temor mostrarle mi trabajo poético. Siempre aprendí de ella; no hice mucho taller con ella, pero aprendí por su modo de ser, de leer, de entender la poesía, editarla y trabajar en torno a la poesía. De algún modo, yo mejoré como poeta”, confesó Olguín.

Villarreal cosechó de todo, poesía, ensayo, docencia, gestión cultural, liderazgo. Para la UANL es un orgullo y honor saber que la Institución contribuyó en la formación y desarrollo de Villarreal como estudiante, catedrática y directiva universitaria.

La trascendencia de su obra y legado es prueba de que la Universidad tiene como eje rector trabajar para transformar a la sociedad.

 

Minerva Margarita Villarreal

Premios y reconocimientos

Premio Plural 1986, otorgado por la revista cultural Plural, del diario Excélsior, en el género de poesía, por el poemario Los abandonados.

Premio Nacional de Poesía Nuevo Reino de León 1986, del Gobierno del Estado de Nuevo León, por el poemario Desde temprano.

Premio Nacional Alfonso Reyes 1990, del Ayuntamiento de Monterrey, por su libro Pérdida.

Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 1994, por su libro El corazón más secreto.

Premio de Poesía del Certamen Internacional de Literatura Letras del Bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz 2010, del Gobierno del Estado de México, por el poemario Tálamo.

Premio de Honor Naji Naaman’s Literary Prizes 2013, otorgado por la Naji Naaman’s Foundation for Gratis Culture, de Líbano, por el contenido y estilo de su obra.

En 2011 fue homenajeada por su trayectoria literaria en la Universidad Nacional Autónoma de México con sede en San Antonio, Texas, y la Universidad de Texas en San Antonio, en el marco del III Encuentro de Escritores Letras en la Frontera.

En 2013 el Instituto Mexiquense de Cultura del Gobierno del Estado de México le dio un reconocimiento por su aportación al acervo literario del país, en la XII Feria Estatal del Libro, en Texcoco.

Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2016, por su libro Las maneras del agua.

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